La socióloga, integrante histórica del Movimiento Mujeres por la Vida, reconstruye una red de acciones que rodearon a la Vicaría y a las mujeres que sostuvieron su lucha: la cadena humana del 27 de mayo de 1986, las figuras negras de «No me olvides» y la convicción de que la institución —como su nombre indica— congregó.
EL TESTIMONIO DE
Teresa Valdés. Socióloga chilena, integrante histórica del Movimiento Mujeres por la Vida, surgido en Santiago en 1983 frente a la dictadura. Investigadora durante décadas en FLACSO-Chile en torno a género, familia y juventud. Coordinadora del Observatorio de Género y Equidad. Participó en la redacción e implementación de la ley de despenalización del aborto en tres causales.
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Teresa Valdés
«La Vicaría nos congregó, nos reunió, nos aunó, nos ayudó a ser pueblo consciente».
— Teresa Valdés
Cuando se cumplen 50 años de la creación de la Vicaría de la Solidaridad, desfilan ante mis ojos cientos de imágenes; vienen a mi memoria momentos, rostros de hombres y mujeres, distintos escenarios y muchas emociones. Emociones empapadas de temor y de admiración, de respeto y de incredulidad. Revivo la sensación de contar con un pilar, con un sostén frente a los innumerables dolores y horrores que nos impuso la dictadura.
También me vienen a la mente palabras como congregar: la Vicaría nos congregó, nos reunió, nos aunó, nos ayudó a ser pueblo consciente, nos ayudó en la acción constante y consistente.
Cuesta encontrar las palabras para hacer justicia al aporte de la Vicaría a la defensa y promoción de los derechos humanos, nacida de la decisión del cardenal Raúl Silva Henríquez, con una visión no sólo de lo jurídico y asistencial, sino con una comprensión de las personas en todas sus necesidades, en su dignidad de personas.
Una fuente cierta de información
Como integrante del Movimiento Mujeres por la Vida —que teníamos una propuesta política de unidad, que buscaba articular a los actores sociales y políticos de la oposición a la dictadura—, puedo afirmar que la Vicaría de la Solidaridad jugó un rol importante en nuestra lucha por los derechos humanos y la democracia. Fue una fuente permanente de información cierta sobre la acción que ejercían los aparatos represivos de la dictadura: antecedentes fundamentales para nuestro quehacer de denuncia y movilización social.
Al mismo tiempo, era la institución que nos garantizaba un acompañamiento después de las detenciones que sufríamos en nuestras acciones, tanto jurídico como en la denuncia a los medios de comunicación.
En 1983, cuando tras la inmolación de Sebastián Acevedo nació Mujeres por la Vida, la Vicaría ya había congregado a cientos de mujeres que buscaban a familiares detenidos desaparecidos, que recorrían cárceles y tribunales, que bordaban la vida y el dolor en arpilleras para sostener a sus familias. Fueron semillas que se sumaron a aquellas otras organizaciones de mujeres que en los territorios —apoyadas por las vicarías zonales— se articulaban en coordinadoras de talleres, de ollas comunes, de jóvenes, dando origen incluso a un feminismo popular que, en conjunto con mujeres de otras avenidas, constituyó una red poderosa. Esa red logró crear una agenda sólida de propuestas para una democracia con las mujeres, vigente hasta el día de hoy.
Asumiendo un liderazgo con el apoyo de ese tejido social y político de mujeres, como Mujeres por la Vida pudimos convocar a innumerables acciones, actos relámpago, marchas y declaraciones públicas, muchas de ellas en las escaleras de la Catedral Metropolitana y en la Plaza de Armas. También nos sumamos al amplio movimiento por la democracia, a la Asamblea de la Civilidad, a la elaboración de la Demanda de Chile y a numerosas actividades hasta el plebiscito de 1988, siempre buscando la unidad social y política.
Una cadena silenciosa alrededor de la Vicaría
Recuerdo cómo, en mayo de 1986, adherimos al homenaje a la Vicaría ante el encarcelamiento de sus funcionarios: el abogado Gustavo Villalobos y el médico Ramiro Olivares, por haber atendido a una víctima de la represión. Emitimos entonces una declaración pública, subrayando la autoridad moral y el respeto ganados por la Vicaría por su compromiso humanitario permanente. Fue así como convocamos a las organizaciones sociales a una acción especial de defensa, y el 27 de mayo construimos una cadena silenciosa para rodear el edificio de la Vicaría, a pesar de la represión en las calles del centro. El 13 de junio de ese mismo año participamos, junto a numerosas organizaciones sociales, en una Jornada de Solidaridad con la Vicaría, dando testimonio y reconociendo su rol insustituible.
Fueron muchas las oportunidades, a lo largo de esos años, en que las puertas de la Vicaría —abiertas a pesar de la acción policial en las calles aledañas— nos permitieron protegernos de la represión y del guanaco. Fue así también que, en agosto de 1988, colocamos en sus paredes algunas de las figuras negras de la acción No me olvides, que mil mujeres expusimos, simultáneamente, en las calles Ahumada y Huérfanos. La acción fue reprimida por la policía, pero no pudo destruir todas las figuras. Cada figura llevaba el nombre de una víctima de la dictadura, y a modo de un voto las palabras Sí y No bajo la pregunta: ¿Me olvidaste? La Vicaría de la Solidaridad nunca las olvidó.
Hasta el día de hoy, tenemos a la Vicaría de la Solidaridad y a todas sus trabajadoras y trabajadores en el corazón y en la memoria, con el mayor de los agradecimientos.
Teresa Valdés
Socióloga, integrante del Movimiento Mujeres por la Vida
ACERCA DE ESTE ESPECIAL
En el marco de los 50 años de la Vicaría de la Solidaridad, la periodista Odette Magnet y el abogado Álvaro Varela Walker —Vicepresidente del Directorio de la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad (Funvisol)— convocaron durante 2025 a un grupo de voces que vivieron, acompañaron o testimoniaron el trabajo de esta institución entre 1976 y 1992. Son relatos en primera persona que iremos publicando a lo largo de 2026 en nuestro especial de Voces que Recuerdan, generado por la Fundación Funvisol.
Este testimonio integra el especial Voces que Recuerdan, de la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad (Funvisol). Su reproducción en medios requiere citar la fuente y enlazar a:
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Las opiniones vertidas en cada entrega son de responsabilidad exclusiva de sus autores y no representan necesariamente la posición institucional de Funvisol.
Cuidemos la memoria entre todos.