El ex ministro de Allende, prisionero en Isla Dawson y exiliado durante diez años, reconstruye su vínculo con la Vicaría desde la prisión y el destierro, y subraya el papel decisivo de sus 85.000 documentos para hacer justicia en democracia.
EL TESTIMONIO DE
Sergio Bitar. Ingeniero civil y economista (Santiago, 30 de diciembre de 1940). Ministro de Minería de Salvador Allende (1973). Tras el golpe permaneció nueve meses prisionero en Isla Dawson; fue exiliado durante diez años en Estados Unidos y Venezuela. Cofundador del PPD, ex senador por Tarapacá (1994-2002), ministro de Educación con Ricardo Lagos y de Obras Públicas con Michelle Bachelet. Autor de Dawson Isla 10.
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Sergio Bitar
«La Vicaría ha sido una escuela de educación y memoria. Un verdadero monumento a la moral por su ejemplo de compromiso y acción por la dignidad y la justicia».
— Sergio Bitar
Cuando se creó el Comité Pro Paz en 1973, yo ya estaba preso en la isla Dawson. Y cuando se creó la Vicaría de la Solidaridad, en 1976, estaba exiliado. Por eso he sentido a la Vicaría y al espíritu de sus integrantes muy cerca en un período fundamental de mi vida.
El día que me presenté voluntariamente, conminado por un bando militar, sentí la ayuda del cardenal Silva Henríquez. A las pocas horas de que mi esposa me hubiese dejado en la Escuela Militar, llegó a mi casa un amigo con un mensaje del cardenal diciendo que no me presentara, pues no había garantía alguna. Ya era tarde.
Sentí la cercanía de la Iglesia Católica y del Comité Pro Paz mientras estábamos en prisión. Recibíamos noticias de la Vicaría cuando defendía de la muerte, denunciaba y protegía a los torturados, perseguidos, arrestados, y a tantos amigos y compañeros, hombres y mujeres. Sus abogados presentaban recursos de habeas corpus que eran denegados por las cortes; sus médicos sanaban el cuerpo y la mente de tantos dañados; las asistentes sociales consolaban y ayudaban a las familias.
Durante el exilio sabíamos de los esfuerzos de la Vicaría para defender el derecho a vivir en la patria y para apoyar nuestra lucha por regresar. Y desde que volví, a fines de 1984, aprecié en directo la valentía de sus miembros. En 1985 recuerdo el crimen brutal de uno de sus integrantes, José Manuel Parada, degollado por agentes de Pinochet. Su ejemplo nos animaba a continuar la lucha política contra la dictadura.
La cultura de los derechos humanos
Desde mi perspectiva, la Vicaría fue una institución que afincó la educación y la cultura de los derechos humanos. Defendió el alma de Chile y despertó la conciencia de sus habitantes. Terminada la dictadura, su labor fue esencial para hacer justicia en democracia. Sin el registro detallado de los miles de casos de sufrimiento y de las causas por crímenes, no habría existido la evidencia suficiente para sustanciar las causas y condenar a los violadores de los derechos humanos.
Los 85.000 documentos que los funcionarios y colaboradores de la Vicaría lograron conservar son un capital moral imperecedero. Así lo consideró la UNESCO al designar ese registro como patrimonio de la humanidad.
El impacto de su obra en la conciencia moral impulsó, más tarde, una cadena de iniciativas fundamentales. Entre ellas cabe mencionar la creación de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación por el presidente Aylwin en 1990; luego, la Mesa de Diálogo, durante el gobierno del presidente Frei Ruiz-Tagle, en 1999, para conseguir más información sobre los desaparecidos. La sucedió la Comisión Valech, creada en 2003 durante el gobierno del presidente Lagos; y también el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, inaugurado por la presidenta Bachelet en 2010.
Surgieron, además, numerosos monumentos, sitios de memoria, creaciones musicales, libros, películas y obras culturales, todos indispensables para cuidar la memoria y formar a las nuevas generaciones.
Coraje
Al cumplirse 50 años de vida de esa institución, puedo dar testimonio del coraje de quienes la crearon. Sólo si comprendemos el momento aquel —en medio de la muerte, las amenazas y el miedo paralizante— se puede valorar la fortaleza del cardenal Silva Henríquez, su enorme voluntad y convicción para abrirse camino en una atmósfera de violencia.
No podemos olvidar cómo Pinochet presionó para eliminar al Comité Pro Paz, lo acusó de inclinaciones marxistas-leninistas, e incluso prohibió el ingreso del obispo Helmut Frenz a Chile. El cardenal Silva reveló, además, su tremenda inteligencia política para impedir que Pinochet evitara la instalación y luego eliminara a la Vicaría.
Admiro el coraje de los sacerdotes que la dirigieron: desde el primero, Cristíán Precht, hasta el último, Sergio Valech. Admiro a los abogados —entre ellos a José Zalaquett, que simboliza la valentía de muchos otros—, a los médicos, asistentes sociales, mujeres que lucharon para encontrar a los desaparecidos y condenar a los criminales, y a tantos chilenos y chilenas que dieron su vida por ayudar a los demás.
La Vicaría ha sido una escuela de educación y memoria. Un verdadero monumento a la moral por su ejemplo de compromiso y acción por la dignidad y la justicia.
Sergio Bitar
Ex ministro y ex senador
ACERCA DE ESTE ESPECIAL
En el marco de los 50 años de la Vicaría de la Solidaridad, la periodista Odette Magnet y el abogado Álvaro Varela Walker —Vicepresidente del Directorio de la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad (Funvisol)— convocaron durante 2025 a un grupo de voces que vivieron, acompañaron o testimoniaron el trabajo de esta institución entre 1976 y 1992. Son relatos en primera persona que iremos publicando a lo largo de 2026 en nuestro especial de Voces que Recuerdan, generado por la Fundación Funvisol.
Este testimonio integra el especial Voces que Recuerdan, de la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad (Funvisol). Su reproducción en medios requiere citar la fuente y enlazar a:
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Cuidemos la memoria entre todos.