La periodista estadounidense Mary Helen Spooner fue corresponsal en Chile durante los años 80. Desde la Vicaría de la Solidaridad accedió a fuentes, historias y testimonios que de otro modo habrían sido imposibles. Uno de ellos la persigue hasta hoy.
ACERCA DE ESTE ESPECIAL
En el marco de los 50 años de la Vicaría de la Solidaridad, la periodista Odette Magnet y el abogado Álvaro Varela Walker —Vicepresidente del Directorio de la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad (Funvisol)— convocaron durante 2025 a un grupo de voces que vivieron, acompañaron o testimoniaron el trabajo de esta institución entre 1976 y 1992. Son relatos en primera persona que iremos publicando a lo largo de 2026 en nuestro especial de Voces que Recuerdan, generado por la Fundación Funvisol.
EL TESTIMONIO DE
Mary Helen Spooner. Periodista estadounidense. Corresponsal en Chile durante la dictadura. Autora de Soldiers in a Narrow Land: The Pinochet Regime in Chile y The General’s Slow Retreat: Chile after Pinochet, ambos publicados por University of California Press. Ha trabajado como periodista en México, Guatemala, Venezuela, Colombia y Chile.
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Mary Helen Spooner
«No había fuente de información más confiable que la Vicaría».
— Mary Helen Spooner
Cuando trabajaba como corresponsal en Chile en los años 80, no había fuente de información más confiable que la Vicaría. ¿Quiere aprender algo sobre las condiciones de vida en las poblaciones? La Vicaría tenía contactos múltiples. ¿Quiere entender la situación legal de un detenido político? La Vicaría tenía un equipo de jóvenes abogados valientes y pacientes, siempre dispuestos a conversar y explicar las cosas. Gracias a la Vicaría, tuve la oportunidad de conocer y entrevistar a muchos ex detenidos y familiares de desaparecidos, y siempre quedé impresionada por su fuerza y coraje. Fue un privilegio conocerlos.
Pero hubo una entrevista en particular que me persigue hasta el día de hoy. Y no fue la de un ex preso político, sino la de un soldado.
La historia del reservista
Buscaba algún ex militar que hubiese hecho su servicio durante los días del Golpe, para conocer su experiencia como testigo. Por razones obvias, no era fácil encontrar a alguien y convencerlo de compartir conmigo sus experiencias. Pero uno de los abogados de la Vicaría me ayudó y me presentó a uno de sus clientes con una historia extraordinaria.
Era cabo reservista del Ejército y trabajaba en un departamento del Ministerio de Agricultura en Temuco. Unos días antes del Golpe fue llamado a servicio activo, donde su comandante le informó que se pondría fin al “yugo marxista”. Él y sus compañeros de armas fueron trasladados a Santiago. En retrospectiva, pienso que fue muy astuto ocupar la capital con tropas de otras regiones, porque aquellos soldados no conocían a nadie y estarían menos inhibidos en sus acciones. Estos jóvenes, con cabezas rapadas, disparaban sus armas desperdiciándolas como locos, me dijo. Y él tenía la impresión de que los delincuentes de Santiago aprovecharían la situación para cometer crímenes.
El reservista y su tropa allanaron casas en búsqueda de armas, pero encontraron pocas. Y las órdenes de sus superiores siempre parecían cambiar. Hubo abusos contra la propiedad privada, me dijo: los soldados entraban en las casas y rompían toda la loza. En una ocasión golpearon a quienes vivían en una casa, exigiéndoles revelar dónde tenían escondidas las armas. Ellos insistieron en que no tenían armas, pero los soldados no les creyeron. Mientras más lloraban y gritaban, más los golpeaban.
El reservista empezó a tener dudas sobre lo que estaba pasando, pero no se atrevió a decir nada. Quiso abandonar el Ejército, pero ¿cómo hacerlo sin terminar ejecutado? En un día libre, fue al centro de Santiago con un plan que no había revelado a nadie. Visitó algunos bares hasta que encontró uno con una pelea a puñetazos en pleno desarrollo. Se unió a la pelea y, cuando alguien llamó a la policía, les dio algunos golpes. Los carabineros lo llevaron detenido, que era, exactamente, lo que buscaba.
Un momento de silencio para Denrio Álvarez
Llegó a la cárcel pública, colmada de detenidos políticos. Los otros reos encontraron cómica su situación. Su compañero de celda era un joven universitario de 17 años, Denrio Álvarez, que fue llevado a interrogación y no volvió.
Un par de días después, uno de los gendarmes lo sacó de su celda indicando que iban a caminar. Le dijo que su compañero de celda había sido encontrado muerto en un campo en las afueras de Santiago. El cumpleaños de Denrio Álvarez era al día siguiente: sus padres llegaron a la cárcel con una torta y mariscos de la tienda donde trabajaba su padre. El reservista les contó que había recibido esa información, pero que debía averiguar si era cierta o no. Los padres salieron. Y él golpeó las rejas de su celda, gritando: “¡Un momento de silencio para Denrio Álvarez! ¡Un momento de silencio para Denrio Álvarez!”.
El reservista pasó unos meses más en la cárcel pública, donde también fue testigo de la muerte del general Alberto Bachelet. Fue puesto en libertad con un despido deshonroso del Ejército. Desde entonces, me dijo, llevaba una vida difícil, con una historia de trabajo irregular y trastornos emocionales. En esa época se conocía poco el síndrome de estrés postraumático. Ahora los psicólogos hablan de moral injury, el daño social y espiritual que ocurre cuando un individuo comete, observa o no interviene para detener acciones que violan sus valores éticos o código de conducta.
Las décadas pasaron y, aunque pensé en el reservista muchas veces, no sabía cómo contactarlo. Hace un par de años, un joven chileno me envió un mensaje en Twitter, identificándose como el hijo del reservista. Su vida de familiar ha sido muy dolorosa, me dijo, pero no quiso contarme nada más. No sé si su padre aún vivía. Pero yo sí quiero agradecer a este hombre por compartir su historia, una historia importante, y también a la Vicaría por haberla hecho posible.
* El caso de Denrio Álvarez está en el Informe Rettig.
Mary Helen Spooner
Periodista estadounidense
Este testimonio integra el especial Voces que Recuerdan, de la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad (Funvisol). Su reproducción en medios requiere citar la fuente y enlazar a:
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Las opiniones vertidas en cada entrega son de responsabilidad exclusiva de sus autores y no representan necesariamente la posición institucional de Funvisol.
Cuidemos la memoria entre todos.