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La abogada y ex ministra del Sernam tenía catorce años cuando supo de la Vicaría, tras la detención de sus hermanos dirigentes estudiantiles. Desde ese recuerdo personal, rinde homenaje al rol poco reconocido de las mujeres —asistentes sociales, pobladoras, familiares— que sostuvieron la red solidaria que la institución hizo posible.

 

EL TESTIMONIO DE

Laura Albornoz. Abogada (Santiago, 27 de marzo de 1968), doctora en Derecho Civil por la Universidad de Sevilla. Ex ministra directora del Servicio Nacional de la Mujer (Sernam) en el primer gobierno de Michelle Bachelet (2006-2009). Académica del claustro de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Aporta la mirada de una generación que vivió la dictadura siendo niña y adolescente.

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Laura Albornoz

«Las mujeres no sólo fueron víctimas, sino también protagonistas en la resistencia».

— Laura Albornoz

Tenía catorce años cuando supe de la existencia de la Vicaría de la Solidaridad y de la labor que desarrollaba en defensa de los derechos humanos conculcados durante la dictadura. Mis hermanos fueron detenidos por ser dirigentes estudiantiles. Saber de la existencia de la Vicaría nos dio esperanzas, puesto que había dónde denunciar los abusos y encontrar algún respaldo. Eso fue crucial para animar la sobrevivencia, la resistencia y la solidaridad… todo mirando a un futuro que en algún momento haríamos llegar.

Sobre esto, creo importante rescatar el rol poco conocido y apenas reconocido de las mujeres que trabajaron al interior de la Vicaría y que eran la cara visible de la esperanza y del apoyo a las víctimas de la dictadura. Además de los religiosos y de los abogados y abogadas, estaban las asistentes sociales, que día a día escuchaban a cada persona que iba por ayuda para alguna hermana o hermano, padre, hija o hijo, víctimas de la represión criminal. Lo hacían entregando esperanza y seguridad.

La represión con rostro de mujer

Durante las dictaduras en América Latina —particularmente en Chile, bajo el régimen de Augusto Pinochet (1973-1990)—, las mujeres enfrentaron una represión brutal. Muchas fueron detenidas, torturadas, ejecutadas o desaparecidas por razones políticas. Además, sufrieron violencia de género específica, como violencia sexual, tormentos a la maternidad y humillaciones diseñadas para quebrarlas psicológicamente.

Fueron castigadas, principalmente, por dejar de lado sus roles domésticos y haberse involucrado en “luchas de hombres”. Las hicieron pagar por ello, y a veces se lo decían. Eso viene ocurriendo desde hace siglos. Ocurrió con la revolucionaria francesa Olympe de Gouges, que murió guillotinada por sus propios compañeros de armas por “querer ser un hombre de Estado”, como reza en su parte de muerte.

Quienes más se movieron por las víctimas fueron, notoriamente, las mujeres: tanto las asistentes sociales de la Vicaría como las que se organizaron y crearon agrupaciones de búsqueda y denuncia, y aquellas que en los barrios populares formaron y mantuvieron comedores públicos para personas ancianas, jóvenes, niñas, niños y lactantes. Fueron mujeres las que capacitaban para la creación de huertos familiares y construían otros modos de supervivencia, como las ollas comunes, con lo cual impidieron la desnutrición de familias completas que perdieron a quienes eran su principal sostén económico.

Nunca hubo un régimen en Chile que destruyera más familias. Fueron mujeres pobladoras quienes motivaron la solidaridad de estudiantes, formando equipos de trabajo en los barrios, con el apoyo de los vicarios zonales, que ayudaron a mantener la cohesión de los sobrevivientes y de las comunidades en que vivían. Las mujeres no sólo fueron víctimas, sino también protagonistas en la resistencia. Muchas participaron en organizaciones de derechos humanos, asociaciones de familiares de detenidos desaparecidos y movimientos de denuncia, la mayoría bajo la protección de la Vicaría de la Solidaridad.

Las asistentes sociales realizaban su trabajo sin horario determinado, invierno y verano, año por año, y no por ello dejaban de asistir personalmente a las familias ni de acudir a las protestas, siendo algunas detenidas, maltratadas y amenazadas por el régimen. Concurrieron sin cesar a la búsqueda de detenidas y detenidos desaparecidos, colaboraron en la creación de grupos de subsistencia material y fueron un puntal para aquellas mujeres que acudían en busca de amparo. El miedo no arredró sus fuerzas ni su espíritu solidario, ni su motivación por salvar vidas.

La cueca sola

En aquella época, todavía era generalizado que los hombres y lo masculino se consideraran más importantes que las mujeres y lo femenino, lo que consiguió que ellas fueran invisibles o sus tareas minusvaloradas, incluso —como hoy podemos apreciar— en el ámbito de los derechos humanos. Un ejemplo de ello es que en Argentina nunca hubo algo parecido a las Madres de la Plaza de Mayo. En Chile nunca hubo hombres que expresaran su dolor por quedar bailando la cueca solos, mientras las mujeres denunciaban haberse quedado sin sus compañeros de vida a través de la simbólica cueca sola.

Sólo las mujeres rindieron homenaje a la valentía de las otras mujeres por haber caído en defensa de los intereses de los más pobres, sin dejar de luchar también por los detenidos, torturados o desaparecidos. Les rindo homenaje también a las detenidas desaparecidas, a las mujeres torturadas… y a quienes sostuvieron la lucha por ellos, en muchos casos, hasta hoy.

¿Qué significó la Vicaría de la Solidaridad para las mujeres?

1. Refugio y protección: fue un espacio donde podían denunciar violaciones a los derechos humanos sin temor a represalias inmediatas.

2. Asistencia legal y social: ofrecía ayuda a mujeres cuyos familiares habían sido secuestrados o asesinados, acompañándolas en la búsqueda de justicia.

3. Sostén emocional y comunidad: muchas mujeres encontraron en la Vicaría un lugar para compartir su dolor y organizarse en la lucha por la memoria y la verdad.

4. Documentación de abusos: registró testimonios de mujeres que sufrieron violencia política y sexual, contribuyendo a la futura justicia transicional.

5. Empoderamiento y resistencia: ayudó a que muchas mujeres pasaran de ser “esposas y madres de víctimas” a lideresas en la defensa de los derechos humanos.

La memoria contada a los hijos

En muchos hogares chilenos se transmitían esos relatos incluso a los niños pequeños. Los mayores, que habían vivido o conocían de cerca aquellos tiempos difíciles, contaban de forma adaptada a su edad la importancia de la Vicaría de la Solidaridad. Este relato servía para:

•  Preservar la memoria histórica: a través de anécdotas y relatos, se mantenía viva la historia de la lucha contra la represión y se evitaba que se olvidaran los abusos cometidos durante la dictadura.

•  Inculcar valores: se enseñaba a valorar la solidaridad, el compromiso con la justicia y la importancia de defender los derechos humanos, mostrando que, aun en momentos oscuros, siempre puede haber esperanza y apoyo mutuo.

•  Formar conciencia: aunque se simplificaban los hechos para que fueran comprensibles para niños de diez años, estos relatos ayudaban a construir una conciencia crítica, invitando a cuestionar la injusticia y a valorar la importancia de la verdad y la memoria.

La Vicaría no sólo alivió el sufrimiento inmediato, sino que fortaleció el rol de las mujeres en la lucha por la justicia y los derechos humanos, marcando un legado que perdura hasta hoy. Quisiera reiterar mi reconocimiento a esta institución por su defensa indeleble de los derechos humanos, su trabajo en favor de la preservación de la memoria y la justicia, y el posterior aprendizaje que ello permitió.

Gracias, cardenal Silva Henríquez.

Laura Albornoz

Abogada, académica del claustro de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile

 

ESTE ESPECIAL

En el marco de los 50 años de la Vicaría de la Solidaridad, la periodista Odette Magnet y el abogado Álvaro Varela Walker —Vicepresidente del Directorio de la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad (Funvisol)— convocaron durante 2025 a un grupo de voces que vivieron, acompañaron o testimoniaron el trabajo de esta institución entre 1976 y 1992. Son relatos en primera persona que iremos publicando a lo largo de 2026 en nuestro especial de Voces que Recuerdan, generado por la Fundación Funvisol.

Este testimonio integra el especial Voces que Recuerdan, de la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad (Funvisol). Su reproducción en medios requiere citar la fuente y enlazar a:

www.vicariadelasolidaridad.cl/noticias/especial-voces-que-recuerdan

Las opiniones vertidas en cada entrega son de responsabilidad exclusiva de sus autores y no representan necesariamente la posición institucional de Funvisol.

Cuidemos la memoria entre todos.