Militante de izquierda, viuda de Iván Quinteros Martínez —asesinado por la CNI en un falso enfrentamiento en diciembre de 1981—, Irene Manzano escribe desde Bruselas. Recuerda la cuadra de Santa Mónica donde el Comité Pro Paz repartía alimentos a las familias, y los años en que la Vicaría de la Solidaridad fue, para ella y para tantos otros, la diferencia entre la vida y la muerte.
EL TESTIMONIO DE
Irene Manzano González. Militante de izquierda durante los años de la dictadura. Su marido, Iván Alfredo Quinteros Martínez, militante del MIR, fue asesinado por agentes de la Central Nacional de Informaciones (CNI) el 17 de diciembre de 1981 en avenida Lo Ovalle, en un montaje presentado por la dictadura como un enfrentamiento. Recibió cinco impactos calibre 38 mientras transitaba en bicicleta. Tres décadas después, en 2017, la Corte de Apelaciones de San Miguel condenó a dos exagentes por el homicidio. Integrante de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (AFEP). Reside en Bélgica.
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Irene Manzano
«De ese difícil período de nuestra historia, recuerdo a la Vicaría como el eje central de la solidaridad con los perseguidos por el régimen militar».
— Irene Manzano
De ese difícil período de nuestra historia, recuerdo a la Vicaría como el eje central de la solidaridad con los perseguidos por el régimen militar. La solidaridad se organizó desde el minuto uno, desde cuando la Vicaría era el Comité Pro Paz.
Apenas sobrevino el Golpe, el marido de mi cuñada —un joven obrero de montaje industrial— cayó preso en la ciudad de Constitución, donde trabajaba en la construcción de lo que hoy es la Celulosa Arauco. Allí también trabajaba mi marido. Éramos, los dos, militantes de izquierda que por azares del destino nos salvamos de caer presos para el Golpe.
Éramos muy jóvenes. Aquel septiembre del 73 parece lejano en el recuerdo, pero la emoción se siente viva. Recuerdo haber acompañado a mi cuñada al Comité Pro Paz, en la calle Santa Mónica, en busca de noticias del paradero de su marido y a recoger la ayuda de alimentos para ella y los niños, que eran muy pequeños. Fue una ayuda crucial. También con apoyo del Comité pudo viajar varias veces al sur a ver a su marido. En el 76 ellos partieron al exilio. Nosotros nos quedamos en Chile.
Todas las familias que fueron recibidas en el Comité Pro Paz, y más tarde en la Vicaría de la Solidaridad, pueden dar fe de lo que ese lugar físico representaba: un espacio único donde encontrábamos cálida acogida, personas que empatizaban con nuestra angustia y nuestro dolor, y que nos daban ayuda. Allí podíamos comunicarnos con otros que sufrían la misma persecución, lo que nos ayudaba a sobrellevar el agobio, la tristeza.
Un aciago día de diciembre de 1981, mi marido, Iván Quinteros Martínez, cayó asesinado por la CNI en un falso enfrentamiento. En esos duros momentos, volvimos a recibir la solidaridad de la Vicaría: el apoyo de su equipo jurídico para interponer la querella, la ayuda económica para los funerales.
Equipos que exponían su vida
Equipos jurídicos que exponían su vida al hacerlo. Una intensa, una increíble labor día a día, del personal de la Vicaría, que nos salvó la vida a tantos y tantos. Me salvó la vida a mí también, con los múltiples recursos de amparo que interponían mis compañeras de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos cada vez que caímos detenidas en manifestaciones callejeras.
Recuerdo bien cómo los aparatos represivos quisieron llevarse de su domicilio a un abogado de la Vicaría, quien fue defendido por sus vecinos. Sabían bien que, si lograban llevárselo, era muerte segura. Quienes resistíamos a la dictadura éramos perseguidos, y el personal de los organismos de solidaridad también.
Vaya también mi reconocimiento a los otros organismos de derechos humanos, como FASIC o PIDEE, donde mis hijos podían recibir atención médica. Nunca podré olvidar que FASIC me ayudó a salvar la vida de mi hijo, un adolescente, cuya vida estaba en peligro. Eran los años finales del pinochetismo, pero es necesario remarcar que las desapariciones, la tortura y los asesinatos fueron hechos permanentes, del comienzo al fin de la dictadura.
Todo mi reconocimiento agradecido a la Vicaría de la Solidaridad y a todos los organismos de derechos humanos. Me parece que nunca estaré suficientemente agradecida de su noble tarea.
Irene Manzano González
Bruselas, 26 de agosto de 2025
ESTE ESPECIAL
En el marco de los 50 años de la Vicaría de la Solidaridad, la periodista Odette Magnet y el abogado Álvaro Varela Walker —Vicepresidente del Directorio de la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad (Funvisol)— convocaron durante 2025 a un grupo de voces que vivieron, acompañaron o testimoniaron el trabajo de esta institución entre 1976 y 1992. Son relatos en primera persona que iremos publicando a lo largo de 2026 en nuestro especial de Voces que Recuerdan, generado por la Fundación Funvisol.
Este testimonio integra el especial Voces que Recuerdan, de la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad (Funvisol). Su reproducción en medios requiere citar la fuente y enlazar a:
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