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La sobreviviente—quemada viva el 2 de julio de 1986 por una patrulla militar junto a Rodrigo Rojas de Negri, quien falleció cuatro días después— escribe, llorando de emoción, sobre la mano que sostuvo a su familia en el peor momento: la Vicaría como refugio jurídico, social, psicológico y humano.

EL TESTIMONIO DE

Carmen Gloria Quintana Arancibia. Psicóloga chilena (Santiago, 3 de octubre de 1967). Sobreviviente del Caso Quemados: el 2 de julio de 1986, durante una jornada de protesta nacional, fue interceptada en Estación Central por una patrulla militar al mando del teniente Pedro Fernández Dittus, rociada con combustible y prendida con fuego junto al fotógrafo Rodrigo Rojas de Negri, quien falleció el 6 de julio. Sobrevivió a quemaduras en el 62% de su cuerpo y a más de 40 operaciones reconstructivas en Chile y Canadá. Magister en Psicología Clínica de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Doctora en Psicología por la Universidad de Montreal. Fue agregada científica de la Embajada de Chile en Canadá durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet.

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Carmen Gloria Quintana

«Mientras escribo esto, lloro de emoción por el dolor vivido, pero también por la gratitud que siento hacia todos ustedes».

— Carmen Gloria Quintana

En este 50 aniversario de la Vicaría de la Solidaridad quisiera expresar mi gratitud y reconocimiento al tremendo trabajo que ella realizó. No es fácil describir el impacto que su trabajo tuvo en un Chile sumido en la brutalidad de la tortura y en el clima de miedo y represión que imperaba en el tiempo de la dictadura.

Allí la Vicaría se levanta como el único refugio para los ciudadanos que vivíamos en la indefensión absoluta. La separación de los poderes del Estado ya no estaba vigente, y quienes supuestamente debían garantizar la seguridad, el orden y la justicia a sus ciudadanos abandonaron su mandato y fueron entreguistas a la dictadura.

La Vicaría se situó en el centro —en el imaginario colectivo— del lugar de refugio para los pobladores y opositores afectados por la represión dictatorial. Así fue como mi familia, en julio de 1986, frente al horror que nos tocó vivir al enterarse de que su hija, su hermana, había sido quemada viva por militares: ¿qué hacer, adónde ir?

A Carabineros, no. Era impensable, después de enterarse del Caso Degollados y de las represiones brutales que ejercían durante las protestas. ¿Ir a la justicia con un abogado cualquiera? Impensable: tendrían miedo, y con qué dinero. Así fue como mis padres y hermanos golpearon las puertas de la Vicaría, sumidos en el miedo y la indefensión. Al abrírseles las puertas, nuevamente pudieron respirar… Al saber que contaban con una mano solidaria y generosa que los abrazaba y escuchaba.

Mi familia y yo no sólo tuvimos ayuda jurídica extraordinaria, que duró muchos años, sino también ayuda social, psicológica y humana. Allí encontramos a muchas personas que vivían traumas similares: organizaciones de familiares de detenidos desaparecidos, de ejecutados políticos, de exiliados, que se convirtieron en el rostro visible que confrontaba a la dictadura con sus crímenes.

Qué emociones más intensas vivíamos en esa época: miedo profundo, frustración, impotencia; pero al mismo tiempo mucho amor, solidaridad y esperanza. ¡Qué apoyo más generoso y significativo nos entregó la Vicaría a todos nosotros en esos arduos tiempos! Mientras escribo esto, lloro de emoción por el dolor vivido, pero también por la gratitud que siento hacia todos ustedes.

El consuelo y la voz de la esperanza

Recuerdo los tecitos que tomábamos en la Vicaría con los abogados y trabajadores sociales, antes de ir a los tribunales, o cuando me preparaba para la reconstitución de escena o para los reconocimientos faciales, siempre con vuestra compañía. O cuando salía enojada ante tantas mentiras y distorsiones escuchadas en las sesiones. O luego de dictámenes injustos de los tribunales: siempre encontraba en ustedes el consuelo y la voz de la esperanza, basada en su calidez pero también en su profesionalismo y experticia en el tema.

También es importante destacar el enorme legado que la labor de la Vicaría de la Solidaridad tuvo en el plano de la memoria y la verdad histórica. Por un lado, fueron las organizaciones formadas bajo su amparo las que con mayor claridad se constituyeron como la voz viva de la memoria, empeñadas en impedir el olvido y la negación.

Del mismo modo, sus informes, documentos de trabajo, denuncias públicas y recursos judiciales generaron los archivos que hoy han permitido entablar procesos judiciales en contra de los criminales de la dictadura, así como las políticas de reparación y reconciliación emprendidas al finalizar este período.

Y, para terminar, quisiera destacar el coraje y la dedicación de cada una de las personas que formaron parte de la Vicaría: ellas son un testimonio histórico de la fuerza de la solidaridad y el humanismo. Son testimonio del compromiso inquebrantable con la justicia y los derechos fundamentales, que siempre deben prevalecer, incluso en los tiempos más oscuros de una sociedad.

El legado de la Vicaría perdurará y seguirá siendo una fuente de inspiración para las nuevas generaciones.

Carmen Gloria Quintana

Sobreviviente del “Caso Quemados”, psicóloga (PhD)

ESTE ESPECIAL

En el marco de los 50 años de la Vicaría de la Solidaridad, la periodista Odette Magnet y el abogado Álvaro Varela Walker —Vicepresidente del Directorio de la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad (Funvisol)— convocaron durante 2025 a un grupo de voces que vivieron, acompañaron o testimoniaron el trabajo de esta institución entre 1976 y 1992. Son relatos en primera persona que iremos publicando a lo largo de 2026 en nuestro especial de Voces que Recuerdan, generado por la Fundación Funvisol.

Este testimonio integra el especial Voces que Recuerdan, de la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad (Funvisol). Su reproducción en medios requiere citar la fuente y enlazar a:

www.vicariadelasolidaridad.cl/noticias/especial-voces-que-recuerdan

Las opiniones vertidas en cada entrega son de responsabilidad exclusiva de sus autores y no representan necesariamente la posición institucional de Funvisol.

Cuidemos la memoria entre todos.