El Premio Nacional de Periodismo y coautor de La historia oculta del régimen militar recorre la arquitectura jurídica y política con que el cardenal Raúl Silva Henríquez levantó la Vicaría tras la disolución del Comité Pro Paz: una fortaleza diseñada para resistir a la dictadura desde un terreno donde no podía ser atacada.
EL TESTIMONIO DE
Ascanio Cavallo. Periodista, Premio Nacional de Periodismo 2021. Ex director de revista Hoy y del diario La Época. Coautor con Manuel Salazar y Óscar Sepúlveda de La historia oculta del régimen militar (1988), uno de los libros de periodismo más reeditados de Chile. Miembro de la Academia Chilena de la Lengua desde 2014.
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Ascanio Cavallo
«Para intentar algo contra la Vicaría, sería preciso golpear primero a Silva Henríquez».
— Ascanio Cavallo
La Vicaría de la Solidaridad fue el último de los organismos creados por el cardenal Raúl Silva Henríquez para la protección de quienes habían sido víctimas del golpe de Estado de 1973. Estas organizaciones constituían una verdadera red, en defensa de los académicos expulsados de las universidades (Academia de Humanismo Cristiano), los trabajadores despedidos (Instituto de Autogestión), los dirigentes sindicales asediados (Fundación Cardijn), y así por delante.
La Vicaría fue el último, pero en poco tiempo se convirtió en el primero: una fortaleza diseñada para hacer frente a las detenciones y desapariciones que caracterizaron el período.
El régimen había tenido éxito en lograr la disolución de una primera organización, el Comité Pro Paz, nacido días después del golpe con el concurso de todas las iglesias, además del mundo judío. Pinochet asedió al comité y consiguió que se fueran excluyendo luteranos, evangélicos (de todas sus denominaciones), ortodoxos, incluso los judíos. Después de muchas presiones, se acordó que la fecha de cierre de Pro Paz sería el 31 de diciembre de 1975, en lo que parecía un momento triunfal para la dictadura.
La sorpresa vino en seguida: el 1º de enero de 1976, el cardenal emitió un decreto creando la Vicaría de la Solidaridad, que ahora sería una dependencia directa del Arzobispado de Santiago y quedaría, por lo tanto, bajo el régimen jurídico autónomo que la Iglesia Católica adquirió en el momento de su separación del Estado de Chile. Para reforzar ese rasgo, las oficinas de la Vicaría se instalarían en una propiedad contigua a la Catedral de Santiago. No podría ser atacada legalmente y tampoco dependería de la voluntad de otros asociados. La responsabilidad personal caería sobre el cardenal. Para intentar algo contra la Vicaría, sería preciso golpear primero a Silva Henríquez.
Desde luego, esos intentos existieron —incluso con amenazas de invasión de sus oficinas—, pero la institución las resistió a pie firme. La Vicaría era invulnerable.
En cosa de semanas, al mando del joven vicario Cristián Precht, la Vicaría concentró toda la información sobre muertes, desapariciones forzadas, detenciones y lugares de confinamiento que podía encontrarse en muy diversas fuentes, desde los archivos de Pro Paz hasta los testimonios personales. En los primeros años, los mayores esfuerzos fueron dedicados a los desaparecidos; la gran mayoría de esos casos se había producido entre los años 1973 y 1975, por lo que se creía —o se quería creer— que muchos de ellos, o todos, estaban aún vivos. En los primeros seis meses, la Vicaría presentó más de 500 recursos de amparo (casi todos rechazados por los tribunales) y cerca de mil requerimientos administrativos.
El golpe de realidad vino a ocurrir recién en 1978, cuando un testimonio recogido por la Vicaría permitió descubrir que un grupo de campesinos desaparecidos habían sido sepultados en unos hornos de cal en Lonquén. Pronto se sumarían denuncias similares en Laja, Yumbel, Cuesta Barriga y otros lugares. Los desaparecidos podían conservar su condición jurídica, pero la realidad era que muchos, si no todos, habían sido asesinados.
En 1979, el cardenal decidió remover a Cristián Precht de su cargo como vicario y reemplazarlo con el sacerdote Juan de Castro. Muchos profesionales de la Vicaría temieron que este cambio era un preparativo para el fin de la institución. Nada más equivocado. Dice mucho del clima psicológico de aquellos años el hecho de que estas aprensiones cundieran cada cierto tiempo en el interior de la Vicaría, a pesar de que, pública y políticamente, era una verdadera fortaleza. Sucedió lo mismo en 1983, cuando Silva Henríquez cumplió la edad de retiro del arzobispado y fue sucedido por el obispo Juan Francisco Fresno; y aun en 1987, cuando se anunció el nombramiento del obispo auxiliar Sergio Valech como nuevo vicario.
Al fin, la Vicaría vino a disolverse recién en 1992, después de que el gobierno democrático emitiera el Informe Rettig, un detallado recuento de las muertes en dictadura, una de cuyas fuentes más confiables fueron precisamente los archivos de la más poderosa de las instituciones de la Iglesia Católica de aquella época.
En 1977, cuando el régimen militar decidió disolver la DINA y sustituirla por la CNI, un alto oficial dijo a uno de los vicarios de Santiago: “De ustedes aprendimos el truco. Igual que hicieron con Pro Paz y la Vicaría, simplemente le cambiamos el nombre”.
No era una analogía muy exacta, porque la Vicaría no fue solo un cambio de nombre, sino un salto cualitativo. Pero tal vez era, sin desearlo, un verdadero homenaje.
Ascanio Cavallo
Premio Nacional de Periodismo
ESTE ESPECIAL
En el marco de los 50 años de la Vicaría de la Solidaridad, la periodista Odette Magnet y el abogado Álvaro Varela Walker —Vicepresidente del Directorio de la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad (Funvisol)— convocaron durante 2025 a un grupo de voces que vivieron, acompañaron o testimoniaron el trabajo de esta institución entre 1976 y 1992. Son relatos en primera persona que iremos publicando a lo largo de 2026 en nuestro especial de Voces que Recuerdan, generado por la Fundación Funvisol.
Este testimonio integra el especial Voces que Recuerdan, de la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad (Funvisol). Su reproducción en medios requiere citar la fuente y enlazar a:
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