El periodista —sobrino nieto del cardenal Raúl Silva Henríquez— recuerda un almuerzo familiar de 1975 donde escuchó nacer la idea de la Vicaría, y desde su rol como subdirector de la revista Análisis reconstruye el vínculo entre los medios democráticos y una institución que —a juzgar por el odio del régimen— supo medir su propia importancia.
EL TESTIMONIO DE
Fernando Paulsen Silva. Periodista chileno (Santiago, 11 de marzo de 1956). Estudió en la Universidad Católica y cursó estudios de postgrado en Estados Unidos. A su regreso a Chile en 1981 se incorporó a la revista Análisis, de la cual llegó a ser subdirector, y formó parte del noticiero clandestino Teleanálisis. Corresponsal en Chile de Time y The Wall Street Journal. Ex director de La Tercera (1997-1999) y panelista histórico de Tolerancia Cero. Sobrino nieto del cardenal Raúl Silva Henríquez por la rama materna (Silva).
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Fernando Paulsen
«Entonces habrá que crear otro Comité, quizás con otro nombre, porque a la gente la Iglesia no puede dejarla sola».
— Cardenal Raúl Silva Henríquez, citado por Fernando Paulsen
La Vicaría de la Solidaridad nació en enero de 1976, pero yo supe de su posible existencia un poco antes. En un almuerzo familiar en la casa de mi abuelo, Ramiro Silva Henríquez, su hermano —y mi tío abuelo— Raúl Silva Henríquez, cardenal arzobispo de Santiago, respondió una pregunta de otro tío sobre qué pasaría si el gobierno cerraba el Comité Pro Paz, que ya había sido objeto de muchas críticas por parte del gobierno dictatorial de la época.
Mi tío Raúl, el Cardenal, se demoró menos de dos segundos en responder: “entonces habrá que crear otro Comité, quizás con otro nombre, porque a la gente la Iglesia no puede dejarla sola”.
Cuando nace la Vicaría, nace también un nuevo medio de comunicación: el Boletín de la Vicaría, que fue dirigido por Augusto Góngora, a quien yo consideraba mi hermano —por opción, no por lazos de sangre— y quien había sido mi profesor en la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica.
Me fui a estudiar periodismo a Estados Unidos en 1977 y volví en 1981. Apenas toqué suelo, de vuelta en Chile, Juan Pablo Cárdenas, director de la revista Análisis, me ofreció ser parte de la revista. Augusto Góngora me ofreció algo similar, pero me interesó más el periodismo laico clásico.
Aunque, en estricto rigor, ambos medios —la revista Análisis y el Boletín de la Vicaría— habían nacido bajo el alero de la misma persona, porque la revista Análisis nació —y así se indicaba explícitamente en todas sus primeras portadas— bajo el patrocinio de la Academia de Humanismo Cristiano, institución también creada por mi tío abuelo, Raúl Silva Henríquez.
Periodismo en serio
El Boletín de la Vicaría de la Solidaridad era mucho más que un medio de la Iglesia Católica. Hacía periodismo en serio, y nos preocupaba en Análisis cuando nos golpeaba, sentimiento que también alcanzaba —imagino— al resto de los medios de oposición a la dictadura.
La importancia de un medio, a veces, se mide por el grado de temor y desprecio que el gobierno de turno tiene en su contra.
Y eso se reflejó en una de las acciones más brutales de esos tiempos, como fue el Caso Degollados, donde tres personas fueron escogidas por su trabajo y por aquello a quienes representaban, para mandar un mensaje feroz, brutal, de crimen contra lo que representaban. Entre ellos, José Manuel Parada, trabajador de la Vicaría de la Solidaridad.
Era cierto que los tres eran también militantes del Partido Comunista, pero el hecho de que uno de ellos fuera parte de una institución vinculada a la Iglesia Católica fue recibido como un mensaje, para todos quienes ejercíamos labores profesionales bajo el alero de esa misma Iglesia, de que ese patrocinio o respaldo no inhibía la posibilidad de ser asesinado.
Mensaje que los periodistas de oposición a la dictadura volvimos a recibir un año más tarde, en 1986, con el asesinato de José Carrasco Tapia, editor internacional de la revista Análisis.
La Vicaría de la Solidaridad hizo una labor excepcional en el apoyo, cuidado y difusión de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura.
La grandeza de su obra habla de la grandeza de la Iglesia Católica chilena en esa época. Fiel a su labor de apoyar al más débil, aún a costa de sus propias vidas.
Fernando Paulsen
Periodista
SOBRE ESTE ESPECIAL
En el marco de los 50 años de la Vicaría de la Solidaridad, la periodista Odette Magnet y el abogado Álvaro Varela Walker —Vicepresidente del Directorio de la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad (Funvisol)— convocaron durante 2025 a un grupo de voces que vivieron, acompañaron o testimoniaron el trabajo de esta institución entre 1976 y 1992. Son relatos en primera persona que iremos publicando a lo largo de 2026 en nuestro especial de Voces que Recuerdan, generado por la Fundación Funvisol.
Este testimonio integra el especial Voces que Recuerdan, de la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad (Funvisol). Su reproducción en medios requiere citar la fuente y enlazar a:
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Cuidemos la memoria entre todos.