A medio siglo de su creación, la Vicaría de la Solidaridad sigue hablándonos a través de quienes la vivieron desde dentro. No como una institución abstracta, sino como un espacio concreto donde se jugaba —día a día— la dignidad de las personas, muchas veces en silencio, otras veces bajo amenaza.
Los testimonios que reunimos en esta entrega dibujan ese pulso: convicción, riesgo, sentido de misión. Una tarea que fue, al mismo tiempo, servicio y carga, orgullo y herida.
Guillermo Hormazábal Salgado recuerda la dimensión comunicacional de ese trabajo. En sus palabras aparece una clave: disputar el relato, nombrar lo que otros intentaban borrar.
Jaime Hales Dib, desde el ámbito jurídico, pone el foco en la experiencia humana detrás de la defensa. No hay épica vacía en su relato: hay costo personal, amenazas y detenciones, pero también vínculos que permanecen.
Eduardo Loyola Osorio lo resume con una síntesis breve, casi contenida. A veces basta una frase para decirlo todo.
Luis Solervicens Saguez aporta otra capa: la del trabajo silencioso que luego se vuelve clave en la justicia. Lo que entonces parecía archivo, hoy es prueba; lo que era urgencia, hoy es memoria activa.
Gabriela Griffero lo dice sin rodeos: encontró en la Vicaría el lugar exacto donde su vocación de abogada dejaba de ser idea y se volvía acción.
Distintas trayectorias, una misma trama. La Vicaría no solo protegió vidas: también fue el lugar donde muchas vocaciones encontraron su forma más concreta de servicio.
TESTIMONIOS ORIGINALES
Guillermo Hormazábal Salgado
“Un orgullo y un desafío personal y profesional para transmitir al país lo que sucedía más allá de la ‘verdad oficial’, en especial en lo relativo a los derechos humanos y la dignidad de las personas”.
Jaime Hales Dib
“Fue una gran experiencia poder defender a tanta gente y asumir la representación de personas que sufrían. También fue para mí un padecimiento, porque por ese motivo fui amenazado, detenido, golpeado. Pero, en general, conocí a personas muy valiosas en las que guardo excelentes recuerdos”.
Eduardo Loyola Osorio
“Un honor inmenso”.
Luis Solervicens Saguez
“Fue muy importante, colaborar en una institución de Iglesia, para apoyar a las personas que sufrían persecución y violación a sus derechos básicos. En particular, mi trabajo estuvo dirigido a procesar información que fue importante en su época, pero también después con la acción judicial que se ha hecho, cuando se recuperó la democracia”.
Gabriela Griffero
“Sentí que podía dar sentido concreto a mi vocación de abogado. Servir a la justicia”.
Este especial sigue abierto. Si fuiste parte de la Vicaría de la Solidaridad —o si en algún momento encontraste allí apoyo, orientación o resguardo— tu experiencia también forma parte de esta memoria que seguimos construyendo entre muchos. Cada testimonio suma nuevas capas a un relato común que no se detiene.
Puedes enviar tu testimonio a funvisol@iglesia.cl. Será publicado en nuestra página. La memoria se comparte.