Algunos recuerdos de la Vicaría de la Solidaridad hablan de trabajo y compromiso. Otros, además, revelan cómo esa experiencia se entrelazó con la vida personal de quienes fueron parte de ella. En medio de años marcados por el dolor y la represión, también se construyeron vínculos, amistades y proyectos de vida que perduran hasta hoy.
Para Viviana Heller Gutiérrez, su paso por la Vicaría fue su primer trabajo profesional y, con el tiempo, el más significativo de su trayectoria laboral. Recuerda esos años como un período extremadamente difícil para el país, donde el equipo fue testigo de situaciones que jamás imaginaron vivir. Pero en ese mismo contexto —señala— también se construyó un espacio de cariño, solidaridad y confianza entre quienes trabajaban allí.
“Fue mucho más que un trabajo”, afirma. Una experiencia que marcó su vida personal y familiar: allí se casó, formó su familia y cultivó amistades que se mantienen hasta hoy. Incluso sus nietos —cuenta— conocen lo que fue la Vicaría de la Solidaridad y sienten orgullo por esa historia.
El testimonio de Alejandro Guillermo Cid Herrera recuerda otro recorrido: el del retorno al país después del exilio. Tras recuperar la libertad y ser ayudado por el Comité Pro Paz para salir a Argentina, volvió a Chile y se integró al trabajo de distribución de la Revista Solidaridad, una de las publicaciones más emblemáticas de la Vicaría.
Desde ese lugar, señala, pudo reencontrarse con una realidad dura: la de las familias que buscaban a sus seres queridos y la de un país atravesado por las violaciones a los derechos humanos. Pero también encontró un espacio de trabajo colectivo, amistad y compromiso social que marcaría su vida para siempre.
Entre sus recuerdos guarda con especial cariño momentos compartidos con compañeros y compañeras de la Vicaría, así como experiencias ligadas al trabajo periodístico de la revista. Entre ellas, la oportunidad de participar como fotógrafo en una entrevista al histórico dirigente sindical Clotario Blest, publicada en esas páginas que, durante años, ayudaron a informar lo que otros intentaban ocultar.
Estos testimonios recuerdan que la historia de la Vicaría de la Solidaridad no está hecha solo de acciones institucionales o hitos públicos. También está tejida por las vidas de quienes trabajaron allí, por los vínculos que se formaron y por las experiencias compartidas en un tiempo complejo para Chile.
Este especial continúa abierto.
Invitamos a quienes fueron parte de la Vicaría de la Solidaridad —y también a quienes encontraron allí apoyo y acogida— a compartir su testimonio. Cada relato suma nuevas miradas a esta memoria colectiva que sigue construyéndose.
Los testimonios pueden enviarse a funvisol@iglesia.cl.
Serán publicados en nuestra página.
La memoria se comparte.
TESTIMONIOS LITERALES
Viviana Heller Gutiérrez
“Fue mi primer trabajo profesional y lejos el más importante y significativo de mi vida laboral. Si bien es cierto, fueron tiempos extremadamente difíciles para el país, donde nos tocó vivir y ver situaciones horrorosas que nunca nos imaginamos que viviríamos, también es cierto, que construimos un espacio de mucho cariño y solidaridad entre nosotras y nosotros. Un espacio que nos daba seguridad y confianza. Un trabajo que fue mucho más que un trabajo. Fue una labor desarrollada con mucho cariño, compromiso y entrega. Un verdadero privilegio haber sido parte de esa historia tan importante y significativa para Chile. En esos años, en medio de tanto dolor, igual fuimos felices. Yo me casé, tuve a mis tres hijos, me hice de amigos y amigas que perduran hasta el presente. Ahora tengo tres nietos, los que han aprendido a conocer lo que fue la Vicaría de la Solidaridad y a estar orgullosos de tener una abuela que participó de tan noble labor”.
Alejandro Guillermo Cid Herrera
“Una vez que me dejaron en libertad, El Comité Pro Paz me sacó a Argentina por gestiones de Ninfa Pérez, siempre la recuerdo. Retorné a Chile y se me presentó la oportunidad de incorporarme al trabajo de distribución de la Revista Solidaridad. Tal vez, la experiencia fue vital para reincorporarme al país, compartiendo una brutal realidad de las familias que buscan a sus familiares, y encontrarme con compañeras y compañeros que ya llevaban varios años en la protección de los derechos humanos de la población. El trabajo colectivo, la amistad, el compromiso político y social, fueron los valores más significativos que quedaron para toda la vida. Recuerdo con mucho cariño a Augusto Góngora, que en algún momento me dio la oportunidad de oficiar de fotógrafo en una entrevista que se realizó al gran dirigente sindical Clotario Blest y que apareció en la revista de aquella oportunidad. Las amistades de aquel tiempo se mantienen hasta el día de hoy”.