Las memorias que siguen apareciendo en este especial muestran que el paso por la Vicaría de la Solidaridad no fue solo una experiencia laboral. Para muchas personas significó un punto de inflexión: una forma distinta de comprender el mundo, de asumir responsabilidades y de situarse frente al dolor y la dignidad de otros.

Quienes trabajaron allí recuerdan el impacto de enfrentarse a una realidad que hasta entonces permanecía oculta, pero también el aprendizaje profundo que surgió de la solidaridad cotidiana, del acompañamiento a las víctimas y del compromiso compartido con la defensa de los derechos humanos.

TESTIMONIOS

“Cambió mi visión del mundo y la de mi rol como testigo de primera mano en él. Me sumergió y empapó en una realidad que hasta entonces (con 23 años) desconocía. Comprendí una dimensión feroz en el ser humano que antes no tenía nombre para mí y hoy sé que Hannah Arendt la bautizó como la ‘banalidad del mal’. Y así de terrible como fue comprender eso, constaté también la rebeldía del bien, una opción por la generosidad que se niega a ser destruida y reverbera en lo profundo de muchas personas, de esa gente, a menudo anónima, que hace de sus acciones cotidianas una declaración de lo mejor de sí misma. En la Vicaría hice amigos para siempre, lo que no es poco; abracé valores a los que intento ser fiel desde entonces; y desarrollé la voluntad de reincidir hasta el último instante de mi existencia en eso que la canción que muchos conocimos en esos años rudos describió como ‘honrar la vida’”.

Mariela Vallejos Miranda

“Una maravillosa oportunidad de prestar un servicio de ayuda a personas afectadas por violaciones a sus derechos, que además nos permitió: contener, acompañar, disminuir el dolor y crear un poquito de esperanza. En lo más personal, un aprendizaje de solidaridad y entrega sin límites”.

Elisa Angélica Galarce Toledo

“Primero un gran privilegio, haber servido en una misión noble y muy triste a la vez. Desarrollar mi misión de servicio, trabajando en pro de la libertad y vida de muchos compatriotas y estar en el lugar adecuado por disposición del Señor”.

Mario Humberto González Farfán

“Experiencia de suma importancia, atender a familiares luego de haber estado yo mismo en el Estadio Nacional y en el campo de concentración de Chacabuco”.

Sergio Lucero Conus

“Para mí significó un honor. Fue un espacio de trabajo y compromiso con los derechos humanos y dignificación de pobladores. Espacio de aprendizaje social y cristiano”.

María Elena Aragón Maureira

Este especial sigue abierto.

Quienes formaron parte de la Vicaría de la Solidaridad —y también quienes acudieron a ella en busca de apoyo— están invitados a compartir su testimonio. Cada recuerdo aporta nuevas perspectivas a esta historia colectiva que continúa ampliándose.

Los testimonios pueden enviarse a funvisol@iglesia.cl.

Serán publicados en nuestra página.

La memoria se comparte.