Hay lugares que marcan una etapa. Y hay otros que cambian el rumbo completo de una vida.
En esta nueva entrega del especial 50 años de la Vicaría de la Solidaridad, las voces que reunimos hablan de transformación. De cómo un espacio creado para defender derechos se convirtió también en refugio, en comunidad y en escuela ética.
La Vicaría fue trabajo profesional en condiciones extremas. Fue decisión consciente de estar del lado de quienes sufrían vulneraciones profundas. Fue, también, un lugar donde se tejieron afectos, familias y aprendizajes que acompañaron toda una vida.
TESTIMONIOS
“Una oportunidad para un trabajo profesional en el área de mi competencia e interés – educación de adultos, educación popular – vinculado a la defensa de los derechos humanos, en especial de los derechos de organización de los trabajadores de campo. Al mismo tiempo, la oportunidad de ser parte de una organización y de un colectivo de personas comprometidas con la solidaridad y los derechos humanos más allá de los riesgos personales, en momentos en que tales derechos eran absolutamente vulnerados”.
Carlos Eugenio Beca Infante
“Llegué a la Vicaría en 1976 como familiar de una detenida desaparecida. Primero fue mi refugio y luego se convirtió en mi lugar de trabajo. Allí conocí a mi marido y formé mi familia. La Vicaría no solo recogió y albergó mis miedos, terrores y desesperación, sino que también me brindó afecto, solidaridad, amigos y amor. Por ello, mi familia y yo consideramos a la Vicaría como un pilar señero en nuestras vidas, que nos ha mostrado un camino que deseamos seguir recorriendo”.
Lucía Canteros Torres
“Ha sido, aparte de mi familia, la más importante experiencia de vida”.
Héctor Salazar Ardiles
“Un aprendizaje sobre derechos humanos y ética periodística que me ha acompañado toda la vida”.
Susana Kuncar
En cada uno de estos relatos aparece una dimensión distinta de la misma historia: compromiso profesional, refugio personal, experiencia vital, formación ética.
La Vicaría no solo respondió a una época de vulneración extrema. También dejó una huella duradera en quienes fueron parte de ella.
Este especial sigue abierto.
Invitamos a quienes integraron la Vicaría —en cualquier rol y en cualquier tiempo— y a quienes encontraron allí apoyo y resguardo, a compartir su testimonio.
Pueden enviarlo a funvisol@iglesia.cl.
La memoria no es pasado detenido. Es experiencia que sigue iluminando el presente.