Abraham Santibáñez fue Premio Nacional de Periodismo 2015, fundador de la revista Hoy, presidente del Colegio de Periodistas, maestro respetado y querido en distintas universidades, fundador de la Escuela de Periodismo de la UDP y una de las voces más firmes del periodismo independiente durante la dictadura.

El 30 de noviembre de 1978 integró la comisión convocada por la Vicaría de la Solidaridad que verificó el hallazgo de los hornos de Lonquén, el primer testimonio físico de los detenidos desaparecidos en Chile. Este homenaje lo recuerda en el momento de su fallecimiento (15 de junio de 2026), con gratitud, admiración y con la convicción de que su legado es invaluable en la memoria de este país y de la libertad de expresión.

Abraham Santibáñez Martínez a través de sus característicos anteojos, miró la realidad con valentía y profesionalismo. Supo desde muy joven que ejercer el periodismo en Chile durante la dictadura de Augusto Pinochet no era un asunto de géneros ni formatos: era una decisión ética tomada a diario, en cada edición, en cada título, en cada silencio que se elegía romper. Era un conocedor de la palabra y la dignificó hasta el día de su muerte. A sus 88 años seguía escribiendo con pasión y responsabilidad.

Nació en Santiago el 11 de junio de 1938; de Til Til llegó a La Cisterna. Estudiante del Instituto Nacional y titulado de la Universidad de Chile, comenzó a construir su cuaderno de vida, con apuntes que marcan su camino y lo llevan a incursionar en decenas de medios escritos que tuvieron el honor de contar con su impecable trabajo. Sus publicaciones son imprescindibles para los periodistas de ayer y hoy.

Especializado en periodismo de investigación, interpretativo y de opinión, su trayectoria recorre más de cinco décadas de oficio. Empezó en el semanario La Voz del Arzobispado de Santiago, pasó por la revista Vea, fue parte de la revista Ercilla, llegando a ser subdirector; fue fundador y subdirector de la revista Hoy entre 1977 y 1989, una de las escasas publicaciones independientes que circularon durante el período más oscuro de la represión. Luego dirigió el diario La Nación entre 1990 y 1994, presidió el Colegio de Periodistas de Chile entre 2008 y 2010, y llegó a ser miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua, entre otros roles destacados.

Hizo clases en distintas universidades, ayudando a formar la Escuela de Periodismo de la Facultad de Comunicación y Letras de la Universidad Diego Portales (UDP). Tanto en dicha institución como en la Universidad de Chile, la Universidad Católica, la Universidad de Santiago y la Universidad de Concepción, marcó a incontables generaciones de periodistas que aprendieron de su enseñanza, tan humana como profesional. Era un ser integral con una pluma privilegiada.

En 2015 recibió el Premio Nacional de Periodismo, el más alto reconocimiento que Chile otorga en el campo, gracias a su trayectoria de más de 50 años y sus “importantes aportes a la docencia universitaria y a la calidad del periodismo en Chile y su inclaudicable defensa de la libertad de expresión, de la responsabilidad profesional y de la ética periodística”.

La revista Hoy y el fin de los "presuntos desaparecidos"

En la segunda mitad de los setenta, cuando los medios de comunicación estaban sometidos al control o la autocensura, la revista Hoy abrió un espacio improbable. Se leía periodismo de rigor y criterio, que buscaba informar a los ciudadanos en medio de un sistema diseñado para que no lo hicieran. Santibáñez fue uno de los artífices de ese espacio. Como subdirector, tuvo que tomar decisiones que otros habrían evitado. La más significativa de su carrera llegó en noviembre de 1978, cuando el director Emilio Filippi estaba de viaje y un llamado urgente de la Vicaría de la Solidaridad cambió el curso de la historia.

La Vicaría de la Solidaridad era en ese entonces el organismo de la Iglesia Católica chilena encargado de asistir a las víctimas de la represión y documentar las violaciones a los derechos humanos. Su vicario, el sacerdote Cristián Precht, había convocado una comisión para verificar las declaraciones de un anciano que, bajo secreto de confesión, aseguraba haber encontrado restos humanos en unos hornos de cal abandonados en Lonquén, en la comuna de Isla de Maipo. Santibáñez integró esa comisión junto a monseñor Enrique Alvear, obispo auxiliar de Santiago; el vicario Precht y Javier Luis Egaña, secretario ejecutivo de la Vicaría; los abogados Alejandro González y Máximo Pacheco; y Jaime Martínez, director de la revista Qué Pasa.

Lo que encontraron esa tarde —tras un trabajo nada sencillo, porque el acceso a uno de los hornos había sido sellado con cemento y tierra— fue una cantidad indeterminada de restos humanos. Quince hombres, detenidos el 7 de octubre de 1973 en la misma zona, con edades entre los 17 y los 51 años. Llevaban más de cinco años en ese lugar.

Santibáñez escribió el primer reportaje sobre el hallazgo en la revista Hoy. Hasta el caso Lonquén, la dictadura sostenía que no había desaparecidos en Chile: solo dirigentes extremistas que vivían en el extranjero. Era una tesis sostenida con la impunidad que da el poder absoluto. Lonquén la derrumbó. Como Santibáñez recordó en su propio testimonio, ese día él y Jaime Martínez coincidieron en algo fundamental: nunca más se podría hablar de «presuntos desaparecidos». Era el primer hallazgo de esta naturaleza en el país, y marcó un punto de quiebre en la conciencia pública, aunque todavía fueran necesarios años de esfuerzo —periodístico, jurídico, ciudadano— para que la evidencia convenciera a una sociedad fracturada.

Los restos de las víctimas de Lonquén recibieron sepultura definitiva en marzo de 2010, treinta y dos años después. Abraham Santibáñez estuvo presente también en esa ceremonia. Y hace justo una semana, su testimonio sobre esa dolorosa experiencia salió a la luz.

En la semana de su cumpleaños, la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad (Funvisol) publicó el testimonio en primera persona de Abraham Santibáñez sobre el día en que integró la comisión de Lonquén, y otros medios han hecho eco de su impactante testimonio. El texto forma parte del especial Voces que recuerdan, en el marco de los 50 años de la Vicaría de la Solidaridad.

En nuestra Fundación guardamos con profundo respeto la memoria de Abraham Santibáñez Martínez. Su presencia en Lonquén aquel noviembre de 1978, y el reportaje que escribió a continuación, forman parte de los pilares sobre los que se construyó el conocimiento público de los crímenes de la dictadura. Agradecemos su vida dedicada al periodismo honesto y su voluntad de testimoniar, hasta el final, lo que sus ojos vieron.

Lo que ocurrió en Lonquén no puede borrarse. Abraham Santibáñez se encargó de que quedara escrito y se difundiera.

«Nunca más se podría hablar de presuntos desaparecidos»

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