La memoria no se agota en una primera voz. Se amplía, se entrelaza, insiste.
En esta nueva entrega del especial 50 años de la Vicaría de la Solidaridad, seguimos compartiendo testimonios de ex funcionarias(os) que fueron parte de una experiencia profesional, ética y vital que marcó para siempre sus trayectorias y sus convicciones.
Las palabras que hoy reunimos hablan de trabajo concreto y de sentido profundo: de programas de salud levantados cuando el sistema expulsaba; de comunidades acompañadas en medio del miedo; de oficios ejercidos con dignidad.
Hoy, dos mujeres recuerdan la Vicaría no solo como un lugar de trabajo, sino como una escuela de humanidad, de compromiso irrestricto con la vida, de respeto por la diversidad de miradas y de aprendizaje colectivo entre profesionales.
TESTIMONIOS
“Trabajar en la Vicaría fue una labor maravillosa ya que me permitió crear allí el programa de salud que permitió otorgar trabajo a muchos (a) trabajadores de la salud que habían quedado cesantes al ser eliminados del sistema de salud por la dictadura. Para mí fue una maravillosa oportunidad de retomar mi rol como médico docente, pediatra y jefe del programa de salud y el inicio de la atención en los consultorios que se fueron creando. Una tarea preciosa. Decidí renunciar a ella y en mi libro “Mis momentos de verdad como médico en dictadura” relato todo lo logrado con el apoyo de muchos profesionales de la salud”.
Gilda Mafalda Gnecco Tassara
“Una experiencia profesional y vital que transformó mi vida. Un compromiso irrestricto con la defensa de los derechos de las personas; la valoración de la vida; el reconocimiento y respeto por la diversidad de experiencias y miradas; el reencuentro con comunidades y personas creyentes; el vínculo con organizaciones sociales de base que enfrentaban la adversidad desde la solidaridad. La posibilidad de compartir y aprender de un grupo de profesionales diversos con un compromiso común”.
Paulina Saball Astaburuaga
Este especial sigue abierto.
Invitamos a quienes fueron parte de la Vicaría de la Solidaridad —en cualquier rol, en cualquier tiempo— a compartir su testimonio si aún no lo han hecho. Porque la memoria se construye entre muchas voces, y porque a 50 años, aún queda mucho por decir.
*Si deseas enviar tu testimonio, escríbenos a funvisol@iglesia.cl.
La invitación se extiende también a quienes fueron acogidos por la Vicaría, a quienes encontraron ahí escucha, apoyo y resguardo. Sus relatos son parte esencial de esta historia y pueden ser enviados al mismo correo.
Los testimonios recibidos serán publicados en nuestra página.
La historia continúa. Y se sigue contando en plural.