Imagen 2
Body 2

La periodista y escritora chilena, reportera de derechos humanos de la revista Hoy entre 1977 y 1987, recuerda los años en que la Vicaría de la Solidaridad fue, paradojalmente, su lugar seguro. Una reflexión contra el olvido.

 

ACERCA DE ESTE ESPECIAL

En el marco de los 50 años de la Vicaría de la Solidaridad, la periodista Odette Magnet y el abogado Álvaro Varela Walker —Vicepresidente del Directorio de la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad (Funvisol)— convocaron durante 2025 a un grupo de voces que vivieron, acompañaron o testimoniaron el trabajo de esta institución entre 1976 y 1992. Son relatos en primera persona que iremos publicando a lo largo de 2026.

EL TESTIMONIO DE

Odette Magnet. Periodista y escritora. Reportera y redactora de derechos humanos de la revista Hoy (1977-1987); ex agregada de prensa de las embajadas de Chile en Washington y Londres, y del Consulado General de Chile en La Paz, Bolivia. Su hermana, María Cecilia Magnet, fue víctima de la Operación Cóndor en Buenos Aires en 1976.

■ ■ ■

Odette Magnet

«La amnesia es la vecina de la demencia, del vacío, la nada. No dispongo de otra herramienta que la palabra. No tengo otra joya que la memoria».

— Odette Magnet

 

La palabra como resistencia

Soy periodista de una generación que luchó con fuerza y con miedo durante la dictadura. No una vez al mes, no una vez por semana. No. Una vez todos los días. Hicimos resistencia con la palabra. Se estaba en una vereda o en otra, no había espacio para ambigüedades.

Como reportera y redactora de derechos humanos de la revista Hoy, conté todas las pesadillas imaginables, con el máximo de detalles que permitía la férrea censura. Nunca hubo una semana en que faltara alguna tragedia. Durante años reporteamos las sucesivas y permanentes violaciones a los derechos humanos en Chile: cientos de detenidos desaparecidos; miles de exiliados, torturados en centros clandestinos, campesinos enterrados en los hornos de Lonquén, jóvenes quemados y tres profesionales degollados —uno de ellos de la Vicaría—, pobladores allanados, sacados de sus casas en la madrugada, semidesnudos, acorralados como ganado en una cancha de fútbol, trabajadores despedidos; profesionales, dirigentes sindicales y líderes políticos relegados a zonas inhóspitas de Chile; incomunicados sin explicación alguna, estudiantes reprimidos en las protestas, encarcelados, mujeres violadas. La lista es interminable.

La Vicaría, nuestro punto de partida

La principal fuente en la difícil búsqueda de la información —confiable y veraz, nunca desmentida— fue siempre la Vicaría de la Solidaridad. Ella era nuestro punto de partida. Los abogados, asistentes sociales y periodistas que allí trabajaban fueron nuestros cómplices, nuestros aliados; con ellos tejimos redes solidarias, paso a paso derribamos muros de sospecha y tendimos puentes de confianza.

La Vicaría salvó muchas vidas. Imposible saber cuántas. A poco andar, su labor le valió un indiscutible reconocimiento internacional. Acogió, consoló, protegió. Su gente se enfrentó al más cruento terrorismo de Estado, a una crueldad humana jamás imaginada, al desamparo de quienes habían perdido a sus seres queridos y, perseverantes, acudían día tras día a las puertas de la Vicaría para exigir respuesta a la única pregunta que los perseguía día y noche: ¿Dónde están?

Sus colaboradores secaron muchas lágrimas y demostraron, sin vacilar, una porfía inigualable en la búsqueda de la justicia y la verdad, la defensa de la vida y los derechos humanos. Fuimos muchos los que compartíamos ese compromiso, y también el miedo. Así se nos fueron 17 años, con el terror pegado a la piel, la vista y la mente puestas en los otros, en los que corrían peligro, los enemigos de la patria, los terroristas, los extremistas, los marginados, los olvidados. Como en una montaña rusa, ya resultaba imposible detenerse y bajarse. El trabajo siguió, sin pausa, sin tregua.

En medio de sucesivos estados de emergencia, de sitio, de perturbación de la paz interior, de una mentira oficial que nos ahogaba, la presencia de la muerte, silenciosa, agazapada, lista, siempre lista para caer encima sin aviso.

Mi hogar, mi refugio

La Vicaría. Fue mi hogar, mi refugio. Paradojalmente, mi lugar seguro, donde encontraba en mi trabajo una razón de ser, un propósito común. En esta comunidad fui recuperando la fe en el poder de la esperanza y la esperanza de poder. También allí derramé muchas lágrimas.

La memoria. Recordamos. Yo recuerdo todo como si fuera ayer. Porque fue ayer. Y no quiero olvidar; yo me niego a olvidar. La amnesia es la vecina de la demencia, del vacío, la nada. No dispongo de otra herramienta que la palabra. No tengo otra joya que la memoria. Y no me queda más que expresar mi infinita gratitud a la Vicaría de la Solidaridad, un orgullo tremendo de nuestra patria. Un privilegio haber sido testigo de lo que fue y se negó a ser.

Odette Magnet

Periodista y escritora