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A 50 años de la creación de la Vicaría de la Solidaridad, la Orden recordó al Cardenal Raúl Silva Henríquez y entregó un reconocimiento, ratificado por unanimidad, al primer secretario ejecutivo de la institución, Javier Luis Egaña. Una jornada en la que la memoria, el derecho y la emoción se dieron la mano.

Hubo un tiempo en Chile en que escribir un recurso de amparo era un acto de fe. Cuando los tribunales callaban y las puertas se cerraban, un grupo de abogados y abogadas convirtió la palabra escrita en escudo, y la jurisprudencia, en oración laica. Medio siglo después, ese gesto vuelve a ser nombrado.

Este 7 de mayo, el Colegio de Abogados de Chile conmemoró los 50 años de la Vicaría de la Solidaridad y rindió homenaje a su fundador, el Cardenal Raúl Silva Henríquez, abogado titulado en la Pontificia Universidad Católica en 1929 y, ante todo, pastor que entendió que defender la vida en dictadura exigiría una arquitectura jurídica capaz de resistir la presión del poder.

Habeas Corpus

Cuando se habla de la Vicaría, suele evocarse primero la figura del Cardenal. Pero el corazón operativo de esa obra fueron los abogados y las abogadas que día tras día interpusieron habeas corpus por personas que el Estado decía no haber detenido. Nombres como José Zalaquett, Hernán Montealegre, Alejandro González Poblete, Roberto Garretón, Fabiola Letelier, Pedro Barría, Álvaro Varela, Gustavo Villalobos, Jaime Esponda y Javier Luis Egaña —entre tantos otros— sostuvieron una batalla jurídica que, junto al Comité Pro Paz, sumó miles de recursos de amparo presentados ante una justicia que en su mayoría los rechazaba.

La represión también los buscó. En abril de 1976, José Zalaquett fue detenido y expulsado del país. El 12 de mayo de ese mismo año, Hernán Montealegre fue arrestado e incomunicado en el campo de Cuatro Álamos por la DINA bajo la falsa acusación de “servir de intermediario al proscrito Partido Comunista”. La oficina del abogado Pedro Barría sufrió un atentado explosivo en 1981. Y en marzo de 1985, el secuestro y asesinato de José Manuel Parada, jefe del Departamento de Análisis, marcó a fuego al equipo. Pese a todo el amedrentamiento que sufrieron tantos, la Vicaría no dejó un solo día sin atender a las víctimas ni sin presentar un nuevo recurso.

Cuando Pinochet le exigió cerrar el Comité Pro Paz a fines de 1975, Silva Henríquez respondió creando, el 1 de enero de 1976, la Vicaría de la Solidaridad, protegida por el Derecho Canónico, e instalada en el antiguo palacio episcopal de la Plaza de Armas. “Más oficial, imposible”, remataba don Raúl. En el mismo decreto designó como primer Vicario al presbítero Cristián Precht Bañados y como primer secretario ejecutivo al abogado Javier Luis Egaña Baraona.

Voces en el homenaje

La actividad fue moderada por la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Colegio, Macarena Carvallo, y contó con la participación del presidente de la Orden, Ramiro Mendoza; el Arzobispo de Santiago, cardenal Fernando Chomalí; el abogado Jaime Esponda, exjefe de Coordinación Nacional de la Vicaría; y Maximiliano Silva Baeza, abogado y sobrino nieto del Cardenal, quien compartió una mirada íntima del pastor. Asistieron además la presidenta de la Corte Suprema, Gloria Ana Chevesich; representantes del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos y decanos de Derecho.

Esponda recordó que el archivo construido durante décadas —hoy custodiado por la Fundación Documentación y Archivo Vicaría de la Solidaridad (Funvisol), inscrito en el registro Memoria del Mundo de la Unesco y declarado Monumento Histórico Nacional— constituye una de las bases esenciales de la justicia transicional en Chile. Y subrayó la fórmula que dio identidad a la institución: “Toda nuestra acción de defensa se basa en la verdad. En un doble sentido: primeramente, en cuánto debemos respetar la verdad de los hechos sin imaginar situaciones inexistentes ni aumentar la gravedad de cada problema y, en segundo lugar, en cuanto debemos decir la verdad y difundirla”.

Mendoza destacó que la condición de abogado del Cardenal le permitió anticipar que las necesidades, en sus palabras, “no se resuelven únicamente mediante discursos, sino que requieren una estructura jurídica capaz de generar resultados concretos”. Chomalí, por su parte, vinculó el legado del fundador con los desafíos actuales —migración, derechos del pueblo mapuche, situación penitenciaria— y reafirmó el compromiso con la búsqueda de las personas detenidas desaparecidas: “Toda persona tiene derecho a saber qué ocurrió con sus familiares”, sostuvo.

Reconocimiento para Javier Luis Egaña

Al cierre de la jornada se vivió uno de los momentos más conmovedores. La Comisión de Derechos Humanos del Colegio había presentado al Consejo la propuesta de reconocer al abogado Javier Luis Egaña Baraona, primer secretario ejecutivo de la Vicaría de la Solidaridad, por su labor como miembro colegiado en la defensa de los derechos humanos. La propuesta fue ratificada por unanimidad por el Consejo del Colegio.

La distinción tomó forma de estatuilla con figura de araucaria, el árbol noble del sur de Chile, símbolo de fuerza y de la capacidad de resistir la adversidad. Una imagen que cierra con belleza el círculo de una vida dedicada a sostener, cuando casi todo se derrumbaba, el derecho a la dignidad.

Egaña, visiblemente emocionado, habló con la sobriedad de quien ha visto pasar mucho: “El trabajo que hicimos por la Vicaría y por la defensa de los derechos humanos no se hizo buscando ningún premio, pero reconozco que es muy estimulante sentir que el colegio de la orden a la cual uno pertenece —yo juré el año 1970, o sea llevo muchos años perteneciendo al colegio—”, expresó al equipo del Poder Judicial, quien hoy preside la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad.

En su intervención dedicó también un recuerdo a una querida asistente social de la Vicaría, Ana María Medioli, cuyo funeral se realizaba ese mismo día —gesto que volvió a poner en el centro lo que siempre fue el sello del organismo: el trabajo colectivo, fraterno, de abogados, asistentes sociales, médicos, religiosos y laicos que se acompañaron en el dolor.

Una memoria que sigue hablando

Cincuenta años después, el homenaje del Colegio de Abogados no fue un acto protocolar: fue el reconocimiento de un linaje profesional que entendió que el derecho, cuando se ejerce con valentía, también puede ser una forma de compromiso ético por el país. Recordar a esos abogados —y al pastor que los convocó— es asegurarnos de que el horror documentado en miles de expedientes nunca vuelva a repetirse.

Fuentes

  • Colegio de Abogados de Chile Instagram (7 de mayo de 2026).
  • Iglesia de Santiago, publicaciones oficiales del homenaje (Facebook e Instagram).
  • Exposición de Jaime Esponda El cardenal Silva Henríquez y la Vicaría de la Solidaridad, cuyo extracto se leyó en la ceremonia de homenaje, 7 de mayo de 2026.
  • Jaime Esponda. “Cincuenta años. Recuerdos de la Vicaría de la Solidaridad”, La Nueva Mirada.
  • Poder Judicial de Chile. Presidenta Chevesich asistió a homenaje del Colegio de Abogados al cardenal Silva Henríquez, 7 de mayo de 2026. Disponible en: pjud.cl.
  • Reel de la ceremonia Poder Judicial pjudicialchile.

 

 

 

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