Hay experiencias que no se recuerdan desde la distancia. Se dicen desde el cuerpo.

Los testimonios de ex funcionarias(os) que compartimos en esta entrega hablan de una vivencia intensa, sostenida en la conciencia permanente de estar haciendo un trabajo necesario; la solidaridad ejercida en lo cotidiano; la fuerza del compromiso colectivo como pilar frente al miedo y la inseguridad. Relatos que hablan de dolor y lucidez, pero también de esperanza, aprendizaje y sentido compartido.

“Una experiencia única, vivir intensamente la solidaridad y conocer lo que pasaba en nuestro país realmente, el lado oscuro que no todos y todas conocían. Ha sido la etapa de mi vida más fuerte; pero también la más comprometida y llena de esperanzas”, recuerda Marta Vega Patri, poniendo palabras a una vivencia que marcó su trayectoria vital.

En esa misma línea, Olga Cristina Bascuñán Parraguirre destaca el impacto de acercarse a una realidad que muchas veces solo se intuía: “Fue una experiencia extraordinaria, rica en aprendizajes, conocer una realidad que una escuchaba todos los días y que me permitió encontrar personas de mucho conocimiento y experiencias profundas”.

La conciencia del rol que se desempeñaba aparece en el testimonio de Elia Parra Domínguez, quien señala: “Plena conciencia, permanente, de que estaba desempeñando un trabajo importante en apoyo de las víctimas de la dictadura y de los sectores más postergados del país”.

Y para Carlos López Dawson, el valor estuvo también en lo colectivo: “Fue un periodo muy importante sentirme parte de una lucha solidaria por otras víctimas como yo. Sentir la fuerza del compromiso de tantos fue un respaldo frente a la inseguridad”.

Cada uno de estos testimonios reafirma una idea que atraviesa todo este especial: la Vicaría de la Solidaridad no fue solo un espacio institucional, sino un lugar donde la vocación profesional se encontró con la dignidad humana, donde el trabajo se volvió acompañamiento y donde el compromiso se sostuvo en comunidad.

Este recorrido de memorias continúa abierto.

Invitamos a quienes fueron parte de la Vicaría de la Solidaridad, y también a quienes encontraron allí apoyo y resguardo, a compartir su testimonio. Cada relato suma una capa más a esta historia que no se cierra, porque sigue viva en quienes la vivieron.

Los testimonios pueden enviarse a funvisol@iglesia.cl.
Serán publicados en nuestra página.

La memoria se comparte.