Con la solemnidad que exige la historia, la Vicaría de la Solidaridad recibió un merecido reconocimiento en el Palacio de La Moneda, en el marco de la conmemoración de los 50 años desde su creación.
El Museo de la Memoria y los Derechos Humanos encendió sus velas este sábado 10 de enero de 2026 bajo una mañana impregnada de historia. Fue un cumpleaños que miró su camino con orgullo por estos dieciséis años de múltiples actividades que ha impulsado el Museo por preservar los derechos humanos.
El primer lunes de 2026, amaneció más fresco que de costumbre para el verano chileno. A un costado del Palacio de la Moneda, frente al Teatro Nacional Chileno, una larga fila de personas comenzó a congregarse una hora antes del concierto de la Cantata de Derechos Humanos para homenajear los 50 años de la Vicaría de la Solidaridad.
Crónica histórica sobre Mario Melo Pradenas, exmilitar, escolta de Salvador Allende y miembro del Movimiento de Izquierda Revolucionario, desaparecido por la dictadura militar.
La Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad (FUNVISOL) ha desarrollado una labor esencial de preservación documental desde su creación.
El 19 de diciembre de 1978, la Vicaría de la Solidaridad recibió una denuncia sobre el hallazgo de posibles restos humanos en un sector rural conocido como Cuesta Barriga. En plena dictadura, una noticia así no solo era inquietante: era peligrosa.
El pasado 10 de diciembre, en el marco del Día Internacional de los Derechos Humanos, la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad (Funvisol) participó en la feria “Voces que tejen dignidad”, realizada en la Universidad de Santiago de Chile, instancia que reunió a organizaciones de la sociedad civil, comunidad universitaria y actores sociales en torno a la memoria, el diálogo y la defensa de los
Un país en plena dictadura, un grupo represivo que actúa en las sombras: torturas, asesinatos, desapariciones, centros clandestinos de detención. Y un joven soldado, Andrés Valenzuela. Papudo, su pueblo. «Papudo», su apodo. Joven soldado que poco a poco se fue adentrando en el infierno.