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Artículo 30 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

Autor: 
María José Ferrada y Karina Letelier
Datos de publicación: 
Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad, 2020

"Los hombres y las mujeres, los niños y las niñas, todos en el pueblo cuidan del árbol que crece justo en medio de la plaza.
Cada vez que un nuevo integrante llega al pueblo se lo enseñan:
– Este árbol es la Declaración Universal de los Derechos Humanos, dicen.
Y luego, le explican que es un árbol fuerte y con raíces profundas capaces de sostener a todos los hombres, las mujeres, los niños y las niñas del pueblo y de toda la tierra.
Un árbol que los días de calor da sombra.
Un árbol que los protege del frío y la lluvia.
Un árbol que todos juntos deben cuidar".

Artículo 30.

Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración.