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Artículo 30 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

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Los hombres y las mujeres, los niños y las niñas, todos en el pueblo cuidan del árbol que crece justo en medio de la plaza. Cada vez que un nuevo integrante llega al pueblo se lo enseñan: –Este árbol es la Declaración Universal de los Derechos Humanos, dicen. Y luego, le explican qué es un árbol fuerte y con raíces profundas capaces de sostener a todos los hombres, las mujeres, los niños y las niñas del pueblo y de toda la tierra. Un árbol que los días de calor da sombra. Un árbol que los protege del frío y la lluvia. Un árbol que todos juntos deben cuidar. "Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración"