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Artículo 12 de la Declaración Universal de Derechos Humanos,

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Un hombre llegó al pueblo con su maleta. Nadie lo había visto antes. Nadie sabía de dónde venía ni cuanto tiempo pensaba quedarse, porque a ese hombre le gustaba el silencio. Entonces vino la voz ronca y dijo: “ese hombre es un extraño, ese hombre es peligroso”. Y luego vino un silencio que entró por las ventanas y por debajo de todas las puertas. Un silencio que solo terminó cuando la abuela preguntó a la voz ronca: “ Y tú cómo lo sabes?” Y sucedió que la voz no supo qué responder y se fue. También que la abuela invitó a ese hombre a tomar una taza de té en su jardín y se dio cuenta que, tal como ella lo había imaginado, era un hombre silencioso, un hombre amable y bueno.

"Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques"